Algoritmos vs. Curaduría en las bibliotecas (for dummies). Las recomendaciones

Como anunciamos en el post anterior, es el momento de seguir con las bibliotecas. ¿Cómo recomiendan las bibliotecas?. Tienen una estrategia en redes?.

En varias oportunidades, hablamos del modo en que una institución reflexiona sobre cómo exponer, ventilar, mostrar lo que no se sabe que está. Hablamos del caso de los museos y, ahora, nos toca con las bibliotecas. Hoy, una de las plataformas que se utiliza para esto es Twitter (también puede ser a través de facebook u otras redes).

Un tweet es una información, un anuncio, un “te aviso”. Decíamos que es un modo digital, joven, práctico y moderno de publicar algo y, es por eso, que se utiliza como “estrategia” para, por ejemplo, citar un fragmento de un texto poco conocido, o de mostrar un cuadro que hace añares está en la bodega de un museo. Es por esta misma razón y estrategia por la que, en su momento, hablamos de los tweetbots, etc.

Pues quiero recordarles que antes, cuando no existían las redes y hoy, aun cuando existen, otro modo de recomendar es mostrar físicamente: en su momento, les conté la mini expo que habían organizado en la Bpi. Mini exposiciones que guardan relación con los libros que ellos poseen en su catálogo. Una manera de exponer y de dar a conocer obras difíciles de encontrar de casualidad, si uno no estuviera investigando sobre el tema. Marketing bibliotecario a la orden. Una especie de “destacados” en carne y hueso. Cuando estuve allí, trabajando, me tocó una mini expo particularmente interesante: « Éditeurs, Les lois du métier » (algo así como Editores, las leyes de la profesión). Sobre la expo pueden ir directamente a leer el post.

En forma paralela, desarrollaban actividades que acompañaban la muestra: coloquios en los que se debatían, por ejemplo, cuestiones tales como el lugar que ocupan las leyes en el mundo editorial, o el papel de la censura, o las limitaciones que podían encontrar la circulación de las ideas y de las obras del espíritu. Y varias entradas diversas que guardaban relación con la muestra como la exposición en línea (maravillosa ella) que recupera casi la totalidad de los objetos expuestos y que propone, de esta manera, a cada uno, de explorar a su ritmo y en detalle los numerosos documentos originales. Esta permite también ver o rever las entrevistas de los especialistas (Bernard Joubert, Agnès Tricoire), o un super dossier sobre la cuestión de la censura en la edición francesa “Crimes et délivres”. Desempolvar y repito, exponer, ventilar, mostrar lo que no se sabe que está.

Hay pequeñas estrategias que se van dando casi como parte del trabajo y que no, necesariamente, han sido pensadas como tales. Son más bien, detallitos bibliotecarios, como ya les conté acerca de los Coup de coeur de Cécile, una compañera de la BPI, que lo que hacía era agregar novedades y una especie de “favoritos”. Uno ingresaba al apartado y aparecía, por ejemplo: acentos tónicos como primer favorito. Yo le decía: “Cécile, la verdad es que un favorito tuyo sea los acentos tónicos habla bastante mal de vos… Imáginate diciendo: ¡mis favoritos son los chocolates con almendras y los acentos tónicos!”. Pero bue, ¡es un coup de coeur bibliotecario!. Este modo, en realidad, también era digital, ya que se encontraba en el sitio on line de la biblioteca. Ella recomendaba a través de sus gustos o de recursos que quería “volver” a mencionar.

CapturaLa New York Public library, lo que hace, es recomendar, todos los viernes, un texto a través del Twitter @NYPLRecommends:

También tenemos un ejemplo de la misma biblioteca que sí utiliza el algoritmo: La NYPL lanzó una herramienta de recomendación en BiblioCommons. Bookish utiliza un algoritmo que identifica los libros recomendados, en base a características similares. A diferencia de las recomendaciones que se basan en lo que otros lectores están mirando, el motor hace coincidir a los usuarios con libros y filtra los títulos irrelevantes.

Otra de sus iniciativas es la de hacer la recomendación en vivo a través de facebook.

La Brooklyn Public Library puso en marcha un servicio gratuito, Bkyln BookMatch, para las recomendaciones personalizadas. La Presidente y CEO de la biblioteca Linda E. Johnson explicó: “un bibliotecario escribe cada respuesta. No es una computadora o algoritmo”.

Je ne sais pas quoi lire es un nuevo servicio de la red de Médiathèques de Lorient. Esta innovadora propuesta da consejos de lectura personalizados, basados en criterios introducidos por el usuario. El servicio es gratuito y abierto a todos. Los bibliotecarios responden en 72 horas como máximo.

Acá les dejo dos ejemplos dados por Magali Haettiger, Directora de la red, a partir de pedidos reales que le llegaron: ejemplo 1, ejemplo 2.

Posiblemente lo más interesante de esta propuesta es cómo fue pensada. Si les digo la verdad, yo aún no he encontrado un servicio de recomendaciones que me hiciera sentir reconfortada. Me parecen todos bastante automáticos. Aún cuando pongo 3 o 4 libros que amé con todo mi corazón, no logran descifrar qué libro me gustaría. Es como si sacaran un poquito de cada uno (obviedades) y me dieran, no un libro que reúne todos, sino libros que vuelven a tener alguna de esas obviedades. Por ejemplo: un libro de un escritor afgano, un libro de amor durante la segunda guerra mundial, un libro sobre hermanas… En lugar de referir que quiero un libro que reúna TODO eso, me sugieren: libros de otras autores afganos (no se dan cuenta de que el ser afgano, no es lo que marcó mi lectura), o libros con historias de amor, o libros de la segunda guerra mundial…

CapturaVolvamos, entonces a por qué esta última propuesta me pareció tan interesante. Haettiger explica exactamente esto que a mi me pasa. Ella dice: “podríamos haber ofrecido a los usuarios identificarse de acuerdo a sus gustos, a través de un cuestionario. Pero esto solo permitiría definir un deseo que podría ser variable en el tiempo, fugaz”. Exactamente.

Como lectora, no me gusta que me encasillen. No quiero que si me gustó una novela de amor de la segunda guerra mundial, me recomienden siempre novelas históricas. La segunda guerra mundial, en ese momento dado, me gustó por la historia de amor, ¡no porque sea una novela histórica!. Ese combo me gustó, en ese momento, y en ese libro. Pero otro libro de amor que se desarrolla en la segunda guerra mundial, posiblemente, no me interese…

Nadie dijo que yo era una lectora fácil…

La directora sigue: “Sin caer en la caricatura, los bibliotecarios a veces tenemos una tendencia a presentar cómics a los más jóvenes, y rara vez recomendamos la novela negra con sangre o novelas eróticas para mujeres mayores”.

Por eso, los algoritmos son elementos que, definitivamente, ayudan en cierta tarea de automatización pero que, por el momento, están lejos de llevar a cabo una curaduría “inteligente”.

 

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