Clubes de lectura en la era ubicua

En los últimos tres posts, hablamos del tema de las recomendaciones. De como fidelizar, atrapar, estimular e incentivar la lectura, en estos tiempos en que lo digital y la redes se imponen. Adelantamos que algunos temas merecían sus propios artículos, así que le toca a los clubes de lectura, habiendo ya cumplido con los booktubers.

Los clubes de lectura han sido siempre espacios físicos en los que uno se reúne a leer. Hoy, esa cualidad espacial ha desaparecido y, sin embargo, uno puede sentir que está, aún sin estar.

Hoy, para sustituir esa espacialidad, hay herramientas que nos permiten crear arquitecturas virtuales, por un lado, y sistemas en red, por otro. Es decir que la comunicación en simultáneo puede darse sin estar, necesariamente, en el mismo lugar. Más aún, podemos hacerlo sin siquiera estar en el mismo continente.

Una de las facilidades que otorga lo digital es la posibilidad de una gran especificidad. Uno puede tener un club de lectura del género policial, de novelas cortas, de literatura francesa, etc. Obviamente, antes, también se podía, pero la verdad es que ir, una vez por semana, a cada una de estas actividades sería casi imposible para alguien que trabaja. Sin embargo, lo virtual permite hacerlo desde casa y, en ciertas ocasiones, en el horario que decidamos.

Es evidente que la “reunión”, lo social, no debe ser menospreciado y es algo que, evidentemente, no querríamos que se perdiera, pero tratemos de sacar lo bueno de este otro sistema que es lo digital. La realidad es que se puede conversar perfectamente, en tiempo real, con un grupo en videoconferencia. Pero ya veremos que no es solo esto lo que puede conllevar un club ubicuo, sin espacio y desde cualquier lugar.

Las redes sociales, como ya comentamos, pueden cumplir dos funciones (mínimamente): una, como espacio en donde se da una actividad (en tanto plataforma): jugamos antes de empezar a leer, y otra, como viralizadoras (por su poder de dispersión y de llegada) de aquello que se desarrollará digitalmente, o de aquello que se llevará a cabo físicamente (publicidad): anunciamos que en el club de lectura se leerá tal o cual texto, adelantamos extractos, fragmentos, dibujos, juegos, programamos actividades, etc. Motivamos, creamos expectativa.

Un detalle muy importante es de qué libros hablamos. Porque además de los libros físicos y las personas físicas, también están los libros digitales. Ya no solo podemos compartir comentarios cara a cara, sino que hay varias herramientas que nos permitirán compartir notas, comentarios, enlaces pertinentes, etc.

Yo diría que, en este rubro, hasta se ampliaría la cosa. Las plataformas digitales permiten acceder a enlaces que, de manera física, sería muy engorroso. Imaginemos estar comentando un libro y que alguien agregue que también existe la película y que la suba, o nos ponga un enlace a youtube, o nos marque un sitio web que propone una crítica de la novela elegida… Internet hace infinito lo que antes era casi finito. Al menos, imposible en el mismo espacio y tiempo.

La lectura deviene social porque deviene una especie de arquitectura, de sistema de personas y enlaces. Un hipertexto real confeccionado en conjunto. Una red.

¿Qué papel, entonces, cumpliría un bibliotecario? Porque ésta es, en definitiva, la pregunta que nos vamos haciendo cada vez que hay una nueva “moda” digital de los profesionales de cada área. Pues bien, una vez más, sigue siendo indispensable, sigue siendo el moderador y curador de lo que se lee pero, por la misma razón, ésta de que aún es indispensable, es importante que este moderador sepa, de antemano, las reglas del juego. Y, hoy, las reglas del juego son manejar las redes y los lenguajes de los nuevos públicos. Si antes el bibliotecario te daba una palmadita al comentar un libro, hoy, te manda un emoji, te snapchatea leyendo, te saca una foto con tu cara de lector concentrada y la sube en Instagram, etc.

grandparents-1131890_960_720La virtualidad, como decíamos, permite extenderse en los límites físicos. Podemos oír sugerencias desde China, hablar y comentar un libro con una persona en la oficina de al lado, etc. Pero también hay otra cosa interesante. La gente tiene prejuicios y, posiblemente, no iría a un club de lectura donde los otros lectores no comparten, por ejemplo, la edad. Con los clubes digitales, si solo hacemos chat con audio y no con imagen, hasta podríamos aprender a escuchar al otro sin prejuicio de ningún tipo. Así como el “anonimato” o el “disfraz” para ciertos ámbitos (espacios de adolescentes, etc.) es “dudoso”, en este caso, esto puede resultar enriquecedor. Diferentes perfiles siempre aumentan la experiencia. No hay fronteras físicas, ni raciales, ni etarias, ni nada.

Vayamos a algunos ejemplos de clubes de lecturas digitales que vienen de la mano de editoriales u otro tipo de empresa y/o organismo y luego…. Las bibliotecas:

Tor es un sello editorial solo de ebooks. Tor creó un club de lectura digital que regala el ebook que leen al mes. El usuario puede leerlo en cualquier dispositivo y, además, lo puede distribuir y difundir.

Hasta Oprah Winfrey lanzó su propio club de lectura en su programa de televisión, en 1996. Una recomendación de ella prácticamente, aseguraba el éxito de un libro, y ayudó a lanzar las carreras de muchos escritores poco conocidos. En 2002, suspendió su club de lectura, y regresó al año siguiente, después de haber cambiado su formato. Comenzó a elegir sus libros de forma más limitada, centrándose en las obras de la literatura clásica. En septiembre de 2005, Oprah Winfrey anunció que ampliaría su selección con otros géneros. Hubo muchas controversias con este club…

La famosa revista Wired hizo lo suyo. En su caso, la propuesta consiste en elegir un autor, y permitir a los lectores entablar un contacto directo con el mismo, a través de preguntas, mediante un chat en línea.

Ojo al piojo, que también hay ¡para niños!

Y llegó el momento de las bibliotecas

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Desde Bibliogtecarios, nos llega la información de los siguientes: el Club de Lectura Virtual de las Bibliotecas de Castilla y León, el de Ávila, Burgos; León; Palencia; Salamanca; Segovia; Soria; Valladolid; Zamora… Lo que intentan es crear una red de manera tal de publicitarse entre ellas y, lo más importante, tratar de no pisarse. Una biblioteca no puede proponer el mismo libro que otra. Es interesante porque se amplía las posibilidades de compartir textos u otros formatos (audios, videos) de documentos contextuales.

El club de lectura del Instituto Cervantes, el de Canarias que cuenta con distintos formatos y soportes para encuentros con autores, comentarios, etc., uno muy especial compartido a través de videoconferencia entre Barcelona y Medellín, el de la Biblioteca de Toronto.

Para participar de la Big Library Read (BLR), uno debe ser estudiante o ser socio de una biblioteca. Durante el programa de dos semanas, el libro electrónico seleccionado esta disponible para que uno lo pida prestado. Aunque participan las escuelas y bibliotecas, en realidad, lo que acá se promociona es la plataforma y la aplicación OverDrive. Aún así, es interesante que las bibliotecas la utilicen para facilitar el club. No hay listas de espera. Una vez que se comienza a leer, uno puede conectarse con otros lectores, y unirse a la conversación en un foro de discusión. Un club de lectura digital global que conecta a millones de lectores, en todo el mundo, a través del mismo libro, y poniendo en un lugar interesante a la biblioteca local.

La New York Public Library está usando su colección de libros electrónicos para el club “Gracie Book Club”. El Gracie Book Club es un proyecto colaborativo entre la Mansión Gracie (residencia oficial del intendente de New York) y la escritora Chirlane McCray para curar una selección de libros. En apoyo del Club del Libro Gracie, la Biblioteca Pública de Nueva York, la Biblioteca Pública de Brooklyn y la Queens Library tendrán aseguradas copias adicionales de los textos elegidos.

Por último, una perlita especial, el Prêt gratuit, un club de lectura para llevar. No es virtual, pero bien podría serlo. Es la combinación de un club o la posibilidad de un club de lectura, y el servicio de préstamos de la Biblioteca de Québec. Lo que te proponen es como un kit que contiene cinco ejemplares de un texto, una biografía del autor, algunas críticas, una lista de preguntas para animar el debate y una bibliografía. Se presta por 6 semanas.

Hay que tener en cuenta que todo club puede volverse virtual. Solo es cuestión de armar un blog y salir a la cancha. Porque, presencialmente, hay varios clubes temáticos, especializados, de los que me encantaría participar. Pero no puedo, porque no vivo allí: club de lectura africana, club de lectura de libros de fútbol, club de lectoras de novela rosa…. Y puedo seguir con mis propias invenciones.

Un club de lectura virtual facilita ese encuentro con otros a lo que les gusta leer lo mismo que a mí (o no) y que no viven cerca.  Un club de lectura virtual es el modo de llegar más lejos con el deseo de compartir una actividad que es, casi por definición, un acto de soledad, a una comunidad infinita, variada, diversa, amplificada, multimedia, aumentada, social, global, mundial y, sublimemente, enriquecida.

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