Flashmobs en las bibliotecas

Happening, encuentro de multitudes inteligentes, viralidad publicitaria… ¿Qué son los flashmobs?

Según la Wikipedia, “Flashmob, traducido literalmente del inglés como ‘multitud instantánea’ (flash: destello, ráfaga; mob: multitud), es una acción organizada en la que un gran grupo de personas se reúne de repente en un lugar público, realiza algo inusual y luego se dispersa rápidamente. (…) en la mayor parte de los casos, no tienen ningún fin más que el entretenimiento, pero pueden convocarse también con fines políticos o reivindicativos”.

Un punto a destacar que nos irá guiando en nuestra reflexión: “(…) su comunicación funciona a través de redes sociales virtuales. Se trata de individuos que apoyados por las tecnologías de comunicación difunden mensajes a sus redes sociales de amigos y conocidos, los cuales hacen lo mismo hasta construir una gran cadena de comunicación, que es capaz de movilizar a miles de personas”.

En este punto nos detenemos porque es interesante subrayar esas tecnologías: web, foros, comunidades virtuales, e-mail, blogs, chat, celulares, mensajes de texto, etcétera. Proceso: a través de alguno o de todos estos canales y/o formatos nos llega una convocatoria con el día, lugar y hora exacta del encuentro. Un aspecto particularmente interesante y que aúna a los flashmobs con nuestra época tecnológica, caracterizada por la espontaneidad y la inmediatez, es que en muchos de los casos ni siquiera sabemos para qué se nos convoca o quién lo hace. Y si lo sabemos, nos preparan para ello. Una coreografía, una canción… todo puede ser aprendido en algunos minutos.

Seguimos con la ayuda de Wikipedia: “El fenómeno de los flashmobs comenzó con la publicación en octubre de 2002 del libro del sociólogo Howard Rheingold, cofundador del sitio HotWired, «Smart Mobs: The Next Social Revolution» (Multitudes Inteligentes: la próxima revolución social). En este libro, el autor predecía que la gente usaría las nuevas tecnologías de comunicación (internet, teléfonos móviles) para autoorganización”.

Aprovechamos, esta introducción para insertar comentarios (traducidos informalmente) del mismo Rheingold: “Un smart mob o multitud inteligente es una agrupación que actúa colectivamente con la ayuda de medios móviles de comunicación. (…) Por supuesto, la acción colectiva existe desde que la gente se comunica y gozó antes de la imprenta, del teléfono y de las otras invenciones. Pero lo que es nuevo, hoy, es que la gente tiene objetos móviles que permiten coordinar acciones en tiempo real, comunicando no solo por la voz sino que también por SMS y accediendo a internet dondequiera que se encuentren.”

Seguimos, luego de este paréntesis teórico. “El primer flashmob se organizó en Manhattan el 3 de junio de 2003 por Bill Wasik, editor junior de Harper’s Magazine. (…). un fracaso (…). El primer flashmob que tuvo éxito se realizó el 17 de junio de 2003 en Nueva York, EE.UU., en el departamento de ventas de Macy’s. (…)”.

“El 18 de noviembre de 2006 se organizó en Buenos Aires, Argentina, la primera reunión de este estilo conocida en esta parte del mundo: una guerra de almohadas. (…) el primer evento considerado como un flashmob real en la ciudad de Buenos Aires, se realiza en forma totalmente sorpresiva el 11 de diciembre, (…). El 21 de enero de 2007 se realizó otro flashmob en la rambla Bristol, cercana al Casino de Mar del Plata de la turística ciudad de Mar del Plata. En Rosario, el 27 de octubre de 2007 fue anunciada una guerra de almohadas en el Monumento Nacional a la Bandera. (…). En Tucumán, el 13 de mayo de 2007, se realizó otra guerra de almohadas en una pileta pública en desuso, en un parque céntrico de la ciudad.”

Como es habitual, los objetivos son unos y luego van cambiando, evolucionando o degenerando, expandiéndose, derivándose, etc. Empezaron con el solo objetivo de divertir, asombrar, impactar, reunir… Pero, como decíamos, hubo derivaciones. Y también pseudoderivaciones (¡a la gente le encanta decir que creó un término nuevo!). Pero a mi entender, a veces, abunda la redundancia: ¿absurdmob?… Y nace el mobile-clubbing.

CapturaEn el blog Crónicas de Tokio, leemos la siguiente anécdota: “Reentrando por casualidad en el Turbine Hall del TATE Modern (vi) una multitud de gente bailando. (…) Efectivamente: no hay sonido. No hay música ambiente. Solo el ruido de la gente bailando y hablando y gritando. Pero si os fijáis, todo el mundo con los cascos puestos bailando al son de su propia música parte de una multitud haciendo lo mismo. (…) A pesar de no llevar música, la sensación de estar en medio de esta discoteca muda me encantó”.

Este ejemplo es muy importante para el caso de las bibliotecas. Convengamos que si hay un lugar donde el silencio es sagrado, es en las bibliotecas. Sin embargo, podríamos aducir dos cosas: o bailamos en silencio o… muchachos ¡una pausa por favor! ¡Que un poco de ruido no hace mal a nadie!.

Como podrán ver, hasta el momento, hablamos de un objetivo meramente de diversión. Un objetivo sin objetivo o perche mi piace. Sin embargo, los flashmobs, en algunas ocasiones, tienen metas muy claras. La capacidad de convocatoria no puede ser desperdiciada. Autoconvocatoria, autoorganización… De eso hablaba Rheinghold. Veamos otros campos.

En una monografía enviada por Yesica Ivone Zárate, que se titula: “Flashmobs: ¿colectivo disidente o nueva forma de subjetividad política?”, hay varias cuestiones en las que no entraremos, pero que podrían ser disparadores en las bibliotecas al momento de reflexionar sobre estos encuentros. Leemos: “(Jacques) Ranciere considera al acto político como un hacer fuera de lugar. (…). Según este autor, esta constitución no ocurre dentro del orden social y político establecido, se realiza fuera de las instituciones. El acto político se origina a partir de aquello que no cuenta en las instituciones de ese orden y que está excluido de ellas. Ese acto no refleja un conflicto de intereses ni de interpretaciones, sino que instaura otra forma de hablar, percibir y sentir. Este autor considera que el protagonista es el colectivo disidente. Los participantes del colectivo tienen que acometer la tarea de desatar aquello que los ata al orden establecido”.

¡A desatarse, entonces!

A mí, particularmente, me resultan mucho más interesantes los que parecen convocados realmente al tuntún, sin actores… Me gusta cuando del público surgen estas voces escondidas, agazapadas y a la espera. Sino, solo parece una puesta en escena que no deja de ser interesante, pero que es algo completamente diferente. Interesante es ver que el que hace dos segundos leía tan concentradamente al lado tuyo, se pone a tocar un saxo que ni siquiera podés imaginarte de dónde lo sacó.

¿Filosofía, arte, happening, performance, multitud inteligente? Desde el arte y la filosofía, creo que sería realmente fácil ubicarlos y contextualizarlos o, en todo caso, realizar un trabajo de compatibilidad, sincronicidad, semejanzas o diferencias desde una línea histórica. Dice María Pastora Sandoval Campos en una nota: “Para los futuristas, el arte era poder crear un evento sorprendente en un lugar público, como una dramatización… ¿no es eso lo mismo que un flashmob? (…). Tengan conciencia o no, los flasmobbers están realizando obras artísticas (claro, si las hacen con excelencia). Y el arte no es otra cosa que una manifestación humana que da un panorama de la sociedad en la que se está mostrando… (…)”.

Flashmob y happening: ¿primos lejanos? La Wikipedia dice: “Happening (de la palabra inglesa que significa evento, ocurrencia, suceso). Manifestación artística, frecuentemente multidisciplinaria, surgida en los 1950 caracterizada por la participación de los espectadores. (…). La propuesta original del happening artístico tiene como tentativa el producir una obra de arte que no se focaliza en objetos sino en el evento a organizar y la participación de los ‘espectadores’, para que dejen de ser sujetos pasivos y, con su actividad, alcancen una liberación a través de la expresión emotiva y la representación colectiva. (…) El happening en cuanto a manifestación artística es de muy diversa índole, suele ser no permanente, efímero, ya que busca una participación espontánea del público. Por este motivo los happenings frecuentemente se producen en lugares públicos, (…).”.

¿Es arte, por definiciones pasadas, pero con aggiornamiento incluido porque lo virtual pasa a ser parte del escenario? ¿Es el futurismo tecnológico? ¿Es un happening que ahora cuenta con una convocatoria a través de internet? ¿Es la publicidad viral de hoy? ¿Es la política digital?.

“Multitud de presencias virtuales compartidas en la red salen del ciberespacio, se vuelven físicas en un lugar concreto de la ciudad durante un corto tiempo y después vuelven al ciberespacio. Hoy, compartir lo virtual ya es casi más frecuente que compartir lo físico”, dice Adolfo Plasencia.

Volviendo al concepto de “pausa”, de “desatarse”, les traigo los ejemplos de flashmobs que, efectivamente, se llevaron a cabo en bibliotecas:

Como venimos diciendo hace un par de años, la tecnología, en todas sus manifestaciones (redes, aplicaciones, equipamiento, etc.) se impone, y esto implica adecuarse, aprender, actualizarse y no quedar fuera de este nuevo modo de trabajar, comunicar y relacionarse, entre otras cosas.

Mal que nos pese (o bien), hay ciertos términos que suenan fuera de ciertos contextos y, sin embargo, no pueden quedar afuera. Los caminos se entrecruzan y el “marketing viral”, la “gamificación” y otros términos que no se incluían en el discurso humanístico, hoy, forman parte de él y como tales, debemos asumirlos, integrarlos, resignificarlos. En síntesis, apoderarnos de ellos y aprovechar.

Es por eso que todo es válido. Porque para los nuevos públicos, usuarios y participantes, lo es. Las bibliotecas también deben asumir esta situación y sacarle el jugo. Son los nuevos formatos para darse a conocer, para demostrar que se puede, que se evoluciona de manera paralela sin por ello perder el carácter intelectual de la misma, que pueden ser originales haciendo lo que hacían pero de un modo diferente. Es época de ensayos.

Me tomo una pausa y… ¡flashmob!

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