Internet de los objetos (o de las cosas), IoT: transparencia y privacidad (tercera parte)

Veníamos hablando de los RFID, de los sensores logrados a través de los arduinos, de sus relaciones, etc. Pero lo que no habíamos señalado eran un par de problemitas que la IoT puede acarrerar, sugerir, motivar. Hablamos de la transparencia y de la comunicación efectiva.

En relación a la IoT, la transparencia se dirige más que nada a lo comercial. Por ahora, el campo más evidente es el del acceso del consumidor, a través de estos objetos inteligentes, de una información sobre el producto de la que antes carecíamos. A través del ya explicado RFID, nos enteramos de varias cosas: de dónde viene un producto, quién lo hizo, cuándo, etc. Pero así como dar información “abre” el panorama, dar información, equivale, en otros ámbitos a “abrir” demasiados panoramas.

Estar conectado implica que los “otros” conectados tengan información personal que, tal vez, nos gustaría que permaneciera de forma más privada. No es lo mismo que uno pueda acceder a data de una empresa o institución pública, que en definitiva nos pertenece y nos concierne a todos, que acceder a mi información personal y única que debería, si así quisiera, que me concerniera a mi sola.

La línea es muy fina…

Estar tan “conectados”, dar tanta información, compartirla y dispersarla mediante las conexiones, trae aparejado miedos que se irán disolviendo con los posibles resguardos y el conocimiento en profundidad de cada una de las “nuevas” tecnologías que van surgiendo.

Cuando se hacen consultas públicas, por ejemplo, como ya hemos explicado en varias ocasiones, el museo u otra institución lo hace para obtener información, efectivamente, pero en función de enriquecer la experiencia del usuario. O eso pretendemos. Dime lo que te gusta o lo que miras y te daré lo que es pertinente. Y también hablamos, en dichas oportunidades, de encuestas que se hacen en forma anónima porque, justamente, aún hay mucha gente que teme ante la posibilidad de que sus datos personales estén al alcance de personas que puedan hacer un uso indebido de los mismos.

No nos gusta sentirnos vigilados, rastreados, hasta no estar seguros de quién lo hace, por qué y cómo. Eso es una realidad. Concepto de Big Brother.

La gente siempre tiene un prejuicio sobre lo que, a primera vista, resulta de ciencia ficción: la pérdida de control de lo que la tecnología o los “objetos inteligentes” en tanto “autónomos” podrían ocasionar podría ser un motivo para ello.

La realidad es que la tecnología “permite” este tipo de actividades y por eso es muy importante que las organizaciones que la utilicen tengan en cuenta de manera prioritaria que los visitantes aún somos nuevitos. No estamos acostumbrados y prevalecerá la desconfianza hasta que no me demuestren lo contrario. No seamos paranoicos, seamos precavidos y exijamos leyes y estandarizaciones.

Entonces, por una parte, exigimos transparencia en cuanto a la data de los objetos: queremos saber qué producto tiene mi yogurt. Pero también queremos tener la data de una empresa, la “transparencia” de sus gastos. Pero tememos si nos piden “nuestros” datos, si nos piden que seamos transparentes… Es difícil y todo está por hacerse. Pero, en todo caso, eso es la transparencia en este ámbito. Abrir al mundo la información, compartir la data, permanecer conectados. Lo que falta es limitar esa apertura sin dejar, por eso, de ser transparentes pero no abusar en la transmisión, por ejemplo, de los datos personales.

Ya en 2014, en Europa se presentó un documento en relación a la protección de la información, el primer dictamen conjunto sobre la Internet de las cosas. Habla, entre otras cosas, de las obligaciones de las empresas que fabrica y desarrollan dispositivos y aplicaciones.

“A pesar de que los objetos que conforman la internet de las cosas recogen piezas aisladas de información”, dicen desde la AEPD, “los datos recogidos de diferentes fuentes y analizados de otra forma o en conjunción con otros pueden revelar auténticos patrones de la vida de las personas”. La AEPD añade que el dictamen alerta de que “el usuario puede perder el control sobre la difusión de sus datos en función de si la recogida y el tratamiento de los mismos se realiza de manera transparente o no”.

Y entonces, pasamos al segundo punto: el lenguaje universal. Los sistemas tienen que ser abiertos, seguros y confiables para facilitar la colaboración. Y entonces, sumamos el tema de la estandarización:

Dicen Guinard y Trifa “there is an unmet need for a common language that can be understood by my fridge, your TV set, and her car. (…) One of the advantages of using Web standards is that devices will be able to communicate in the same language as other resources on the Net, making it easier to integrate physical devices with any information online”.

Tenemos que comenzar a pensar en dispositivos que hablen la misma lengua, que decodifiquen y codifiquen un mismo idioma “tecnológico”. La estandarización de esta tecnología implica cierta interoperabilidad para que los objetos puedan decodificarse sin importar quién ha sido su creador. Todos los decodificadores deberían ser capaces de “conectarse” y leer cualquier objeto inteligente.

Presten atención al minuto 1.09 de este video. ¿Sony habla igual que Apple? O ¿uno habla chino y el otro inglés?

El año pasado, el IEEE (Institute of Electrical and Electronics Engineers) anunció que diseñaría una estructura universal para la Internet de las Cosas, una plataforma standard y unificadora para que los diferentes objetos conectados pudieran compartir datos. Se supone que estará disponible el año que viene. Onem2m lo hizo y se ofrece como una plataforma con tal capacidad.

Thingful® es un motor de búsqueda de Internet de las Cosas que proporciona un índice geográfico de objetos conectados en todo el mundo, incluidos aquellos que sensorean (monitorean a través de sensores o arduinos preparados) la energía, la radiación, el clima y los dispositivos de calidad del aire, así como sismógrafos, iBeacons, barcos, aviones e incluso rastreadores de animales.

En síntesis, otro banco de datos de objetos conectados con un sistema de geolocalización más logrado. Ellos dicen: “Si usted está preocupado acerca del asma, podrá averiguar acerca de todos los monitores de calidad del aire en su vecindario; un ciudadano preocupado por las inundaciones en un nuevo barrio puede buscar monitores que estén sensoreando inundaciones cercanas… “

En realidad, hay varias cosas que se pueden hacer en esta plataforma porque uno puede agregar sus propios dispositivos, compartirlos, añadirles info, etc.

Semejante es Shodan que se ocupa de buscar en Internet dispositivos que estén programados para contestar. Indexó más de un millón y medio de dispositivos conectados. Encuentra dispositivos basados en la ciudad, país, latitud, sistema operativo, hosting, etc. en los que se encuentren. En realidad no es tan fácil de usar. Asimismo, muestra errores de las empresas al configurar erróneamente a sus productos, etc. Algunos no están muy contentos …

Sin embargo y para terminar, la IOT no es querida por algunos o, mejor dicho, ésta se ha desvirtuado o mejor dicho no sirve exactamente para lo que dicen que sirve… En todo caso, les dejo la inquietud y terminamos con este tema. Ustedes sabrán…

Se supone que la IOT servía para conectar objetos con objetos, objetos con personas, personas con empresas, etc. Pues lo que se sugiere es que no es tan así. Veamos un ejemplo: yo tengo unos sensores que recogen cierta información. Sin embargo, estos datos que se monitorizan no llegan a cualquiera, llegan sólo a quienes han conectado los sensores. Esto querría decir que pasamos de una plataforma multiinterlocutor que finalmente se limita a una plataforma con dos componentes: el sensor y el que monitorea. Es decir, una web de objetos conectados, una plataforma, pero no una red. Acá se duda de que yo monitoree una heladera, que la heladera mande un tweet a mi teléfono y que yo compre los huevos que me falten. Como si el circuito de la comunicación, cuando la cosa se complica, se rompiera.

Habrá que seguir investigando. En todo caso, ¡ojo con el cuento del teléfono roto!

Trabajo interactivo espeluznante y completísimo sobre la Internet de los objetos que vale la pena revisar. Cuenta con estadísticas, mercados, etc.

Para comprender la IoT en 60 segundos

 

 

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