Segundo Festival de ideas en Jujuy

Cuando uno aprende ballet, llega el turno de las piruetas y la profe dice: “mirá un punto fijo y girá. Nunca lo pierdas de vista”. Cuando se aprende actuación, sucede algo similar, te dicen que sólo mires a un espectador y focalices todo tu discurso hacia él, como si no hubiera más espectadores en la sala.

El Festival de Ideas es un eje de trabajo dentro del programa del Laboratorio de Innovación Cultural del Ministerio de Cultura de la Nación. Propone un espacio de intercambio abierto y colaborativo para pensar, debatir e imaginar nuevas ideas y soluciones funcionales que mejoren la calidad de vida de las personas en las comunidades donde viven a través de su vínculo con la cultura.

El segundo festival que se llevó a cabo el viernes 25 de agosto en Jujuy, invitó a pensar las Bibliotecas: su acceso, uso y participación, acompañando los objetivos prioritarios de CONABIP. Participaron alumnos de escuelas técnicas y agropecuarias, universitarios, docentes, bibliotecarios, y otras actores que iremos mencionando.

La cosa es así: se arman mesas, se dan una serie de pautas y los que se sentaron en cada una de ellas deben pensar en un proyecto específico que, junto a su mentor (yo fui uno de ellos), presentarán a un jurado que, de los 10 proyectos, elegirá 3.

Las mesas pensaron los proyectos en función de su eje. Había 3 mesas que se propusieron pensar productos orientados a la creación de contenidos (una era la mía), 2 que pensaban productos orientados a la creación de redes, 2 propuestas para pensar productos orientados a la creación de estrategias de comunicación y disfusión, 2 que pensaron productos orientados para crear una herramienta de relevamiento de experiencia de usuario y 1 que pensó en productos orientados a renovar el modelo de gestión.

Sinceramente, todo esto lo pueden leer en las diferentes notas que salieron en los diarios, o en las propias instituciones. O en un próximo post donde hable solo de lo formal: de la extraordinaria experiencia de pensar en formatos diferentes como lo es este festival. Lo que a mí me interesa relatar acá, es mi experiencia en tanto mentora.

Lo que me pasa en estos eventos es que uno entra sin saber aún cuál será el punto fijo a focalizar, para dar la pirueta y no caerse. Pero en el momento en que lo descubre, es magia. Todo lo demás, se diluye y no porque no sea importante, al contrario, sino porque si uno logra que tan solo una persona del salón te escuche, ya valió la pena.

A los lectores como yo, nos gustaría que todo el mundo amara los libros. Pero la realidad, aunque nos duela, es otra: somos pocos los que leemos ahora, antes e igual será en el futuro. En la escuela, en la universidad, en la vida, el que lee es la excepción, no al revés. Entonces, cuando encontramos a un lector en potencia, o alguien que, simplemente quiere opinar, debatir, expresarse… es la gloria. Es como si nos reconociéramos. Es casi como cuando uno se encuentra con un argentino en el Yunnan.

Llegué a la mesa sin conocer a nadie. Se sentaron adultos y jóvenes: docentes, un alumno universitario, alumnos de escuelas técnicas, alumnos de escuelas agropecuarias y bibliotecarias. Empezamos a charlar y cada uno de ellos tenía algo interesante para decir: su historia como bibliotecaria de Purmamarca y por consecuencia, de un saber único y de experiencias únicas con los turistas y las oficinas de turismo, docentes de educación inicial que, a pulmón estarían por abrir su biblioteca, la poseedora y expositora del chisme de cómo nacieron los Tekis: que empezaron a dar clases de música mientras cortaban el pelo, y hoy tienen escuelas, ballets y fama a doquier, los chicos que contaban que no hay material sobre plantas y que les gustaría leer más sobre ellas o escuchar a un aborigen contarles más sobre las hierbas medicinales, el universitario que, además de estudiar ingeniería quería encontrar material sobre música y que expuso el proyecto con timidez, y de repente, el punto de focalización para dar mi pirueta.

Si de colaborar hablamos, pues colaboremos. Los docentes, bibliotecarios o moderadores debemos saber, ante todo, escuchar. Las cosas han cambiado y ya no somos los únicos que tenemos todo el saber. Y este era un evento para que escuchemos lo que los jóvenes quieren y así poder “atraerlos” a las bibliotecas. En vano es proponer cosas que, en la realidad, no le interesan a quienes queremos invitar.

IMG-20160830-WA0019Empezamos hablando de por qué habían llegado al festival y allí, como quien no quiere la cosa, un alumno se animó a hablar: “yo vengo porque me interesa saber qué está pasando, yo vengo porque me gusta la programación y no hay material en las bibliotecas que me interese…”

La pregunta estaba latente: y ¿qué te gustaría que hubiera? ¿Cómo te gustaría que te llegara? ¿Quién te gustaría que te ayudara?. La respuesta no tardó en llegar y Emanuel aportó: “quiero videotutoriales y no me importa que me lo explique mi vecino, el panadero, si sabe de programación y sabe explicarme los videos…”.

El festival podía terminar allí y listo. El objetivo estaba cumplido, al menos para mí. Saber de la mismísima boca de un involucrado qué quería, era lo más importante. Después contó que él ya había hecho un trabajo para el de la fotocopiadora de la esquina de su casa y que lo había vendido en 800 pesos: un sistema de stock, una base de datos. Pero que su mamá, en realidad no quería que trabaje. Que se escapaba para hacer los talleres que dan en la universidad y que el cardboard –que con tanto orgullo les prestaban para probar en el evento- lo habían hecho ya en clases. Hoy, estaba buscando fervientemente a alguien que lo contactara con Google para que hicieran un google map que localizara animalitos abandonados en las calles y que, geolocalizando los sitios que los rescatan, uno pudiera saber a dónde llevarlos…

Sé que en otras mesas, sucedieron hechos similares: encontrarse con la perla que te enseña, que te deja con la boca abierta. Pero no puedo dar nombres. Si se los digo, tendría que matarlos.

Interesante que hubiera dos especialistas de FLACSO, Patricia Ferrante y Belén Igarzábal que vinieron a auditar el evento. Porque es importante que las experiencias se registren para mejorar, para saber lo que se necesita, para lograr un tercer, cuarto e infinitos nuevos eventos enriquecidos.

Sólo les quiero decir una cosa: es obvio que el proyecto que presentó la mesa que moderaba yo, era el que tenía que ganar, pero bue…

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